jueves, 21 de enero de 2010

I Love you fat malo

Tu seras mi reina y de nadie mas o huelga total..


Se declara una huelga de los basureros. El Ejército se niega a recoger los desperdicios. La basura se amontona. La comuna desesperada ordena no sacar más basura a la calle hasta nuevo aviso. La gente se agolpa en los negocios a comprar papel y cintas de colores para envolver regalos.

Se mandan la basura entre sí, como si se tratara de obsequios anónimos. Pero el recurso se agota. Finalmente, la mayor parte de los ciudadanos abandona Buenos Aires que queda sepultada bajo cientos de capas de basura.


La trama del cuento de Bernardo Kordon “La huelga de los basureros”, puede ser muy bien una sátira de la sociedad de consumo donde los objetos cada vez más perecederos no tardan en transformarse en basura y más basura, que nadie sabe donde poner. El modo de producción que generó el capitalismo necesita del derroche como contracara de la pobreza. En la lógica del sistema el perro de una familia adinerada podrá consumir más proteínas que aquel niño cuya suerte fue nacer en una familia pobre. Buenos Aires produce entre cinco y seis mil toneladas diarias de desperdicios. El sistema es diestro en hacer de desgracias de muchos negocios de pocos. Por eso, como no podía ser de otra manera, la basura es también un gran negocio.

“Un engendro llamado Ceamse”

El ingeniero Eduardo Hernández, especialista en el tema, explica que “el negocio de la basura producida en la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano fue instrumentado en 1977 por la dictadura procesista, con la creación del CEAMSE (Cinturón Ecológico del Área Metropolitana Sociedad del Estado) mediante Decreto N° 3457, ratificado con la firma de los autócratas Osvaldo Cacciatore por la Ciudad de Buenos Aires e Ibérico Saint Jean por la provincia de Buenos Aires. Por el mismo se disponía que para la disposición final de la basura que se generase en el Área Metropolitana se aplicase sin excepción el sistema de relleno sanitario por intermedio del CEAMSE”.

Hernández recuerda que las políticas económicas que se aplicaban y los “negocios” consecuentes que se armaban en aquella nefasta época no podían discutirse ni mucho menos criticarse, porque ello significaba ser catalogado como “subversivo”, como explícitamente se encargaban de recordarlo a cada rato los integrantes y voceros de la dictadura.

El engendro creado llamado CEAMSE tenía las características de una sociedad anónima administrada en teoría por la Ciudad y la Provincia, pero en la práctica en las manos discrecionales de sus directores “con la agilidad administrativa que le permite concretar rápidamente sus objetivos” como lo celebraba en una de sus publicaciones la Cámara Argentina de la Construcción (que junto con la UIA y la Sociedad Rural competían para ver quien le cantaba más loas a la dictadura). O sea la posibilidad de hacer adjudicaciones a dedo sin licitación ni control.

Es ahí donde se arma el “negocio de la basura” que dura hasta nuestros días e involucra a conocidos integrantes de la “Patria Contratista” como el grupo Macri (a través de Manliba), Roggio, Pescarmona, DYCASA-Covisur, por citar los más conocidos. Y la mal llamada empresa “argentina” Techint, favorecida con la adjudicación por 20 años de 4000 hectáreas de la costa sur del Río de la Plata, en parte de las cuales funcionó hasta hace poco el hediondo basural de Villa Domínico al que debieron soportar los vecinos de Avellaneda, Sarandí, Wilde y los automovilistas que transitaban la Autopista a La Plata. Y por si eso no le alcanzase, le adjudicaron la construcción de las tres estaciones de transferencia de basura en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires: Pompeya, Flores y Colegiales (en un predio del que desalojaron una villa).

El negocio de la basura quedó así armado con dos etapas diferenciadas. La recolección primaria, que es la de los camiones recolectores que se pasean por las calles de Buenos Aires y el Conurbano (La Plata incluida). Y la “disposición final” en los rellenos (llamados “sanitarios” no se por qué) del Gran Buenos Aires, de los que actualmente quedan tres, a punto de colmarse: José León Suárez, González Catán y Punta Lara.

Para dar una idea de la magnitud del negocio- subraya el especialista- es útil hacer notar que la disposición de la basura producida en la Ciudad de Buenos Aires durante el año 2008 importó, con los reajustes a las empresas con los votos del PRO y la Coalición Cívica en la Legislatura porteña, la suma de 956 millones de pesos (de los cuales el CEAMSE se lleva 180 millones). Y para este año 2009 están presupuestados 1085 millones, o sea más del 10% del presupuesto anual de la Ciudad.

De madrugada, empujando el carro

Anualmente se producen en el país 12,3 millones de toneladas de basura. El costado pobre del negocio son los cartoneros que recorren la ciudad cada anochecer, buscando su sustento en las bolsas de basura. José Peralta ha venido en camión desde el Gran Buenos Aires. Tiene un circuito que recorrer con su carrito. Levanta cartón, papel, vidrio. Lo amontona en una esquina y espera que pase de vuelta el camión. Se nota que le da miedo hablar. “El centro tiene dueño, a nosotros nos pagan casi nada. Los dueños de los camiones se quedan con todo. Ellos venden lo que nosotros recogemos y son los que sacan la ganancias”. Cuando le preguntamos por los dueños de esos camiones se queda por un instante mirando la luz giratoria del techo de un patrullero que pasa y se va, no sin antes advertir: “hablar mucho, no me va a sacar de pobre”.

Ganarse la vida es cosa seria

Ramón Ocampo, coordinador de la Cooperativa 8 de Mayo, como tantos otros, escapó de la calle a través del esfuerzo solidario. “Por un convenio que tenemos que el Ceamse vienen alrededor de seis camiones diarios, cada uno con cinco mil kilos de basura para clasificar. También recibimos residuos de empresas como Peugot, la Serenísima o de supermercados”.

La basura se descarga en una tolva desde donde pasa a una cinta de elevación, que la traslada al nivel donde se clasifica. Lo descartada baja a través de otra cinta.

Los resagos se acomodan en un gran patio. El resto se enfarda y es depositado en un enorme galpón. En ese lugar, ubicado en el Ceamse Número Tres de San Martín, se separa el papel del cartón, los distintos colores de plástico, el vidrio. Se prensa todo menos la hojalata y después se vende, explica Ramón.

Cuando se le pregunta por lo que nos dijo el primer ciruja que interrogamos, José, señala que “hay cada vez menos gente viviendo de la basura”, Ramón explica que los precios están cada vez más bajos. “Por ejemplo el cartón que estaba a 7 centavos el kilo, ahora vale no más de 28. No se exporta, la crisis se siente”.

Nos cuenta que en la cooperativa sacan 300 pesos por quincena. “Es poco pero hoy después de los 35 años ya no te dan trabajo en ninguna parte. Para muchos esto es la diferencia entre comer y no comer, entre la vida y la muerte”.

Los arrabales del paraíso

El paraíso del consumo está rodeado de arrabales con montañas de basura a cielo abierto. Nadie sabe qué hacer con los desperdicios. Los rellenos sanitarios son grandes depósitos de metano, contaminan las aguas subterráneas, envenenan con gases la atmósfera. Tampoco los incineradores son solución, liberan gases y de dioxinas cancerígenas. Las únicas alternativas saludables pasan por el reciclado. En Buenos Aires se producen al año 169 toneladas de basura. El 10 por ciento es papel y cartón, 7 por ciento plástico, 3 por ciento metal. En plena crisis de 2001 había por lo menos 40 mil cartoneros en la calle. Hoy, aunque no hay cifras exactas, se han reducido a menos de la mitad.

Al respecto Hernández señala que el tema del deterioro del medio ambiente que provoca la acumulación de residuos en los rellenos sanitarios, convertidos en montañas malolientes de desechos, algunos de los cuales como los plásticos tardarán unas cuantas décadas en degradarse, y con peligro de contaminación de las napas de agua subterránea al no estar absolutamente garantizada la impermeabilización del terreno, daría para todo un artículo especializado. Baste decir que la tendencia mundial es tratar de reducir al máximo la basura que debe disponerse finalmente en dichos lugares. O sea, la inversa de lo que se consigue con el “sistema CEAMSE” que funciona en base al incremento de toneladas de basura a acumular en lugares cada vez más escasos y alejados.

“Hace doce años andaba cirujeando en los tachos de basura de Palermo”, recuerda Cristina Lescano de la Cooperativa El Ceibo, que da trabajo a 74 personas.

“Nuestro laburo no es sólo recoger la basura y clasificarla. Lo más importante es educar al vecino a ser solidario y cuidar el medio ambiente. Cirujas modernos, los integrantes de El Ceibo van casa por casa recogiendo la basura que los vecinos ya han clasificado en dos bolsas, separando los residuos secos y húmedos. El centro de clasificación, está montado bajo la Autopista Illia, en Retiro: “Toda esta maquinaria la compramos con ayuda del Estado. Empezamos en una plaza, ahora somos una empresa social y hasta trabajamos para obtener nuestra obra social”.

Cristina piensa no obstante que la asistencia estatal debería atender otros puntos: “No es fácil organizarse. Pretenden encuadrarnos como monotributistas y es un delirio porque esto apenas nos alcanza para sobrevivir. Deberían estudiar otra figura, para ayudarnos más a recuperar nuestra dignidad como trabajadores”.

El cuerno de oro

Pedro Leiva, aparece empujando su changuito de supermercado que ayer supo andar entre las góndolas y hoy va de tacho de basura en tacho de basura en el barrio de San Cristóbal. “Lo último fue trabajar en un reparto de pizza pero me quede sin la moto. Choqué. Cuando salí del Hospital no tenía ni donde caerme muerto. Es esto o robar”.

Pedro dice que “ahora está solo” desde que su mujer se fue llevándose su único hijo. Cuando lo que saca del cirujeo no le alcanza para comer “voy a manguear a la Iglesia que está en la calle Moreno”.

En el Gran Buenos Aires gran parte del presupuesto de los municipios se va en pagar a las compañías recolectoras de basura. La mayoría de las intendencias son atendidas por la empresa Covelía que –modesta- declara facturar 124 millones de pesos. Marcelo Arenales, su fundador es una muestra de las posibilidades de ascenso social que ha tenido la Argentina en los últimos años. Un matutino intentó entrevistarlo. Al llegar al domicilio se encontró con una humilde casa ubicada en una calle de tierra de Ingeniero Budge. Entre los poderosos socios que manejan Covelia, algunos medios mencionaron a un ex militar carapintada y dirigente vecinalista junto a un conocido sindicalista. Nadie sabe con certeza quien maneja los hilos de la empresa, que demuestra que la basura es un negocio de cirujas pero también de oscuros millonarios.

El ingeniero Hernández explica que la basura diaria promedio generada entre Capital y el Gran Buenos Aires, según datos del CEAMSE fue de alrededor de 15.000 toneladas/día, de las cuales 5100 provienen de la Ciudad de Buenos Aires, y el resto, de los municipios del Gran Buenos Aires y el Gran La Plata. Yo diría que son en realidad los habitantes de la Ciudad de Buenos Aires y los municipios los rehenes del sistema implementado en 1977, y de las contadas empresas que monopolizan la recolección domiciliaria, pertenecientes a grandes grupos económicos “nacionales” o con participación de capital extranjero como las que mencioné antes. Que además son especialistas en el arte de comprar débiles voluntades políticas compartiendo con ellas un poco de sus grandes ganancias para obtener concesiones en condiciones ventajosas y oportuno reconocimiento de “mayores costos”.

El fantasma de Manliba

Buenos Aires produce diariamente más de 5000 toneladas de basura que terminan en los “rellenos sanitarios” con perjuicio para el medio ambiente y un costo presupuestario elevado para los habitantes de la Ciudad, recuerda el Ingeniero Hernández. Para terminar con esta situación, la Legislatura de la Ciudad, por presión de entidades ambientalistas, sancionó en noviembre de 2005 la Ley N° 1854, conocida como “Ley de Basura Cero”. La ley establece la reducción progresiva del tonelaje de basura que se envía por medio de las empresas recolectoras a los rellenos sanitarios, con metas de reducción del 30% para 2010, 50% para 2012, y así hasta llegar a cero en 2020.

La ley, promulgada en enero de 2006 y reglamentada en Mayo de 2007, Macri no la está cumpliendo ni quiere hacerlo.

De acuerdo a datos proporcionados por Hernández:

En el año 2008 se enviaron 1.884.460 toneladas de basura a los “rellenos sanitarios” (dato oficial del CEAMSE), o sea un 15% más que en 2007, y un 25,6% más que la base para la reducción de la cual parte la Ley de Basura Cero, que es de 1.500.000 toneladas.

Se pretende acabar con la existencia de contenedores diferenciados para los distintos tipos de residuos colocados en las calles “porque son muy caros para las empresas”.

La idea es volver al sistema de pago a las empresas por tonelada de basura recogida en vez de una suma fija por área limpia.

Las campañas de difusión previstas por la Ley de Basura Cero, a las cuales se destina el 5% del monto presupuestario para gastos publicitarios de la Ciudad se limitan a culpabilizar a los vecinos de la suciedad visible en las calles “por sacar la basura fuera de hora” y pretender multarlos a ellos en vez de a las empresas recolectoras responsables.

O sea que se privilegia el “negocio” de las empresas, intención que se esconde siempre tras los defensores de las ideologías privatistas, subraya Hernández. ¿Recuerda la época de Manliba? dice el ingeniero cuando nos disponemos a apagar el grabador, recordando tal vez los millonarios negocios de aquella empresa en la época de Carlos Grosso. Ganarse la vida es cosa seria

Carlos Saglul (ACTA)

No hay comentarios:

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails